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Día de la Mujer - Alcva

Ser mujer, ser madre, ser médico…

Tres roles en una persona y para la sociedad actual ya es rutina, los dos primeros nos fueron concedidos por naturaleza, pero el último se lo ha ganado con enorme esfuerzo. Ha sido una larga lucha cargada de paciencia, sacrificio, tenacidad y mucha constancia; la mujer ha tenido que librar una batalla permanente que ha durado prácticamente la existencia misma de la humanidad, los primeros reportes de mujeres valiosas que se pudieron registrar en la historia y reflejan su capacidad intelectual son tan antiguas como la figura de la matemática y astrónoma Hipatia, de Alejandría (370-415) asesinada brutalmente y quien se estableció como paradigma de la mujer científica, icono de la libertad de pensamiento y la autonomía personal de la mujer.

El primer dato concreto que se tiene sobre una mujer que ejerciera de cirujana es el caso de Elena de Céspedes, nació sobre el año 1546 en Alhama de Granada, era hija de una esclava de origen árabe y del amo de ésta, aprendió el oficio de un amigo cirujano y acabó ejerciendo como cirujana haciéndose pasar por hombre y fue la primera mujer que pudo ejercer como cirujana con una licencia, algunos años después, se casó con otra mujer ,pero fue descubierta y terminó condenada por el Tribunal de la Inquisición a recibir 200 azotes y a servir durante años en centros hospitalarios por haberse casado con otra mujer y haber fingido ser un hombre para poder ejercer la Medicina.

María Petrocini Ferretti fue una mujer que vivió en Italia a mediados finales del siglo XVIII, aprendió cirugía trabajando con su marido y como se desempeñaba bien, decidió pedir un permiso oficial para examinarse y obtener un título que le permitiera ejercer la medicina al Colegio Médico Florentino, le fue denegado, ya que se concluyó que una mujer no podría reunir las características y cualidades básicas para un cirujano (“mano firme y audacia”). Ferretti escribió pidiendo ayuda al Gran Duque Pietro Leopoldi, quien realizó un decreto en 1788 para que Ferreti pudiera examinarse. La mujer aprobó el examen, y tras aceptar las disposiciones de prácticas del Colegio de Cirujanos, ejerció como cirujana en Italia hasta que murió pocos años después, en 1791, con solo 32 años.

La lucha por poder acceder a la carrera universitaria refiere varios intentos a través de la historia, a principios del siglo XIX, dos mujeres estudiaron y se recibieron de médicas como varones, tal vez para sortear las barreras que tenían para acceder a la universidad y ejercer una profesión considerada masculina Ellas fueron Miranda Stuart Barry, graduada en 1812 en Edimburgo y Enriqueta Faver Caven de Renau, quien nació en Suiza en 1791 y se graduó en París, luego de haber enviudado; al morir en Londres en 1865, se descubrió en su autopsia que era mujer.; ambas trabajaron intensamente en su profesión, como hombres, ya que, según el pensamiento de la época, las mujeres no podían ejercer estas profesiones. No es hasta la Revolución Francesa en que se inician las primeras peticiones formales de derechos para la mujer, así lo refleja la Declaración de los Derechos de la Mujer y de la Ciudadana que fue un texto redactado en 1791 por Olympe de Gouges. En España el ocho de marzo de 1910, por fin las mujeres pudieron matricularse en igualdad de condiciones que el hombre; fecha esta, bastante temprana en comparación a otras naciones europeas; recordemos, por ejemplo, que la mujer no pudo acceder a la Universidad de Cambridge en Inglaterra hasta 1947. Y es solo hasta 1979 que se aprobó la eliminación de todas las formas de discriminación contra la Mujer en evento aprobado por la Asamblea de Naciones Unidas, fue un logro para todas esas mujeres valerosas quienes lucharon por sus derechos en la sociedad.

Estas cortas líneas resumen la lucha a través de la cual la mujer ha buscado su propio espacio y finalmente ha podido posicionarse en prácticamente cualquier actividad bajo el slogan: ”el cerebro no tiene sexo”, incluso en aquellos de mayor nivel y complejidad; demostrar que somos capaces de aprender discernir, investigar; en el caso del médico diagnosticar y tratar pacientes con alto grado de eficiencia; así como, convencer y convencernos que disponemos del empoderamiento y destreza para manejar un bisturí con la firmeza necesaria, ha sido una transformación lenta y tesonera , particularmente porque ésta, debió empezar en nuestra conciencia que ya nació con límites y estereotipos encaminados a conducirnos por un solo sendero: ser esposa y madre. Ahora esta mujer moderna en realidad no llegó a otro nivel dejando atrás el resto de su naturaleza, sino por el contrario hoy tiene que compartir sus actividades de esposa y madre con su nueva posición profesional, con una seria responsabilidad de lograr eficiencia en todas ellas, ahora no solo debemos ocuparnos del cuidado y educación de nuestros hijos, del sostén y funcionamiento del hogar, de conservarnos atractivas , sino además de desempeñarnos con solvencia en nuestro trabajo, porque aun debemos seguir evidenciando que verdaderamente podemos; muchas habremos experimentado dudas, temores, incertidumbre al fracaso; así como un alivio, satisfacción y orgullo de lograr con éxito nuestras metas, demostrando sin envanecernos la capacidad que nos fue otorgada, sumada a esa extrema sensibilidad ante el dolor y el sufrimiento que nos hace asumir como propio el dolor ajeno.. Es grato reconocer que en todo este esfuerzo no hemos estado solas, ha habido el apoyo de aquellos hombres que han creído e impulsado a la mujer en esta lucha; así como aquellos que comparten gustosos su vida con nosotras y son el motor para mostrar tanta fortaleza.

Los retos nunca terminan y en nuestro espíritu luchador seguiremos escalando peldaños para construir con nuestro empeño y trabajo una sociedad justa y solidaria, donde el esfuerzo sea recompensado y las oportunidades están disponibles para quien las merezca En fin, el gran objetivo de nuestra vida será dejar en nuestros hijos sembrado con el ejemplo, el valor, el respeto y la responsabilidad; así como, retribuir con todo el conocimiento y mejor desempeño la confianza que nos brinden nuestros pacientes.

Dra. Sandra Romero – Presidenta de la Sociedad Ecuatoriana de Cirugía Vascular

ALCVA – Asociación Latinoamericana deCirugía Vascular y Angiología

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